• Unidad de Neurología Cognitiva

    Unidad de Neurología Cognitiva

    La neurología es la parte de la medicina que se encarga de detectar alteraciones del sistema nervioso, identificar la causa y seleccionar el mejor tratamiento disponible para tratar de corregirlas.

    El sistema nervioso consta de tres partes (lámina 1). Una se sitúa dentro de la cabeza y su elemento principal es el cerebro.  Por el interior de la columna vertebral transcurre la médula espinal. Finalmente, por todo el cuerpo se distribuyen los nervios periféricos.

    El cerebro es un órgano complejo que organiza y regula gran parte de las funciones de nuestro organismo.  De él parten las órdenes que se dirigen a los músculos y permiten el movimiento. Esas señales deber salir del cerebro moduladas de tal modo, que los movimientos sean apropiados para poder realizar una vida normal.  También controla el equilibrio. Además, el cerebro recibe y procesa todos los estímulos que nos llegan del exterior y de otras partes del interior del cuerpo. Por ejemplo, debe reconocer, aplicar un valor y memorizar, información accesible a través de la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato.

    Nuestro cerebro tiene muy desarrolladas las funciones intelectuales, también conocidas como funciones cognitivas, que proceden de una coordinación compleja entre todas las funciones cerebrales. Aquí podemos incluir la capacidad para orientarnos (en el tiempo y en el espacio), para comunicarnos (a través del lenguaje y de gestos), para memorizar información (y evocarla posteriormente, cuando sea necesaria), para planificar y organizar mentalmente actividades con el fin de que se ejecuten de una manera efectiva, o para razonar con lógica, incluso sobre conceptos abstractos. En todo eso interviene tener una capacidad normal de iniciativa y autocontrol, además de poder mantener en equilibrio el estado emocional.   El funcionamiento apropiado de la actividad cognitiva nos permite tener una vida personal, laboral y social adecuada, mientras que sus alteraciones provocan cambios en la conducta o pérdida de competencia intelectual, que derivan en dificultades para mantener una vida con responsabilidad, independencia y relaciones personales satisfactorias.

    Cualquier trastorno que altere el buen funcionamiento de los circuitos cerebrales responsables de las funciones cognitivas, puede producir síntomas de disfunción intelectual o alteraciones de la conducta. La neurología cognitiva es la parte de la neurología que se encarga de evaluar si las funciones cognitivas se hallan alteradas y, en tal caso, por qué motivo.

    Cuando existe una disfunción cognitiva, pero no tiene una intensidad suficiente como para que la persona necesite supervisión o ayuda en sus actividades diarias habituales, la identificamos como “deterioro cognitivo ligero”.  Si la alteración tiene una mayor repercusión sobre la autonomía de la persona en las actividades diarias, la llamamos “demencia”.

    Se conocen más de 100 posibles causas de demencia. En muchos casos se trata de una enfermedad degenerativa del cerebro. Esto significa que, en un momento de la vida, en determinadas partes del cerebro (diferentes según la enfermedad de que se trate) comienza una pérdida de células (neuronas) más rápida de la que se produce por el envejecimiento normal. En función de las partes del cerebro afectadas, así serán los síntomas emergentes. Por ejemplo, en la enfermedad de Alzheimer se alteran precozmente la memoria y la orientación espacial, mientras que en la ‘demencia frontotemporal’ se perturban inicialmente la conducta social o el lenguaje, y en la ‘demencia con cuerpos de Lewy’ pueden aparecer alucinaciones visuales frecuentes, además de perderse agilidad de los movimientos desde fases iniciales.  En otros enfermos la causa no es una enfermedad degenerativa. El trastorno puede ser consecuencia de un trastorno de la circulación sanguínea cerebral, un traumatismo craneal grave, un proceso infeccioso o inflamatorio que afecta al cerebro, determinado desequilibrio hormonal, una deficiencia de nutrientes esenciales para el funcionamiento neuronal  o la intoxicación prolongada por ciertos fármacos u otras sustancias tóxicas, por nombrar algunos ejemplos. El objetivo del neurólogo es averiguar cuál o cuáles son las causas del deterioro y ofrecer las medidas de tratamiento más eficaces que se conozcan para combatirlas.

    El procedimiento para alcanzar el diagnóstico comprende una entrevista al enfermo y a una persona que le conozca bien. Así se examinan los detalles sobre las manifestaciones que han propiciado la consulta. A continuación se realiza una exploración al paciente, que consta mayoritariamente de unas preguntas dirigidas o unas pruebas sencillas (ejemplos en la lámina 2). La capacidad de responder adecuadamente a cada una de ellas requiere que estén indemnes determinadas funciones cognitivas.  De este modo se realiza la “exploración neuropsicológica” y se descubre el perfil de alteración cognitiva del enfermo, es decir, un mapa que señala qué funciones están alteradas y en qué grado.  En muchos casos será necesario completar la información realizando un análisis de sangre y una prueba para obtener una imagen del cerebro (generalmente una resonancia magnética –láminas 3, 4 y 5‑).

    Uno de los objetivos de la consulta de neurología cognitiva es atender al enfermo y alcanzar el diagnóstico en el menor tiempo posible, es decir, en pocos días. De este modo se puede lograr la curación, o un mayor grado de mejoría, en determinados casos en los que la causa es potencialmente reversible si se diagnostica y trata a tiempo. En todo caso, sabemos que si la causa es una enfermedad degenerativa, que por el momento no es curable, evoluciona mejor si se aplican precozmente las medidas terapéuticas conocidas.

    El tratamiento depende de la causa. En unos pocos casos requiere la intervención del neurocirujano, mientras que en la gran mayoría es suficiente el tratamiento farmacológico. La clave radica en que éste sea el más apropiado en relación a las características del enfermo (diagnóstico exacto, edad, otros padecimientos, otros tratamientos). Por otra parte, resultan de gran ayuda las instrucciones al cuidador, para que sepa cómo actuar en las situaciones anormales derivadas de la discapacidad del enfermo o de sus alteraciones conductuales, y para que sepa dónde puede recabar recursos de ayuda.

    Responsable: Dr. Alfredo Robles Bayón

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